Actos de última voluntad
Bueno, también podría verse aquí una clara/o rara influencia de Pizarnik.Dispuse de mi sexo,
al mar cedí las alas,
ensordecí
con mi ùltimo grito de gaviota
y me volví larva.
eMe
Sobre Alejandra Pizarnik
Bueno, también podría verse aquí una clara/o rara influencia de Pizarnik.
Bestial y primitivo
...que dice...
God
Los ojos más lindos del mundo
Al mar....
Llegan a mi correo cartas de amigos y no tanto, insistiendo en que cuente de una buena vez la historia de la abuela Mima y de Eduardo, el Conde de los Charcos....(anteriores)
En Sabiñánigo, vive un Mago, Oz se hace llamar, o TG para el Registro de la Propiedad Intelectual de Huesca.
No es que la abuela Mima no tuviera otro tema del que hablar. Por el contrario, era relativamente culta, pese a que en su época una mujer de su condición no era criada para otros menesteres más que los domésticos. A lo sumo una señorita de sociedad de pueblo aprendía un poco de francés, otro de piano. La vida la dotó con un espíritu curioso y una vasta biblioteca. Supongo que allí residiría el secreto de la inspiración de sus relatos. Pero en sus últimos tiempos sólo hablaba de su Eduardo.
Si bien nunca fue mencionado en ninguna crónica local o porteña, se sabe que Eduard de Báthory, sobrino nieto de la famosa Condesa Sangrienta, desembarcó por estos lares a fines del Siglo XIX. La desesperada necesidad de Báthory de borrar el pasado ignominioso, aunque ajeno, junto a la relativa pericia de los empleados de Inmigraciones hicieron posible que el apellido resultara transformado por apocopado. En su afán de que no llegara hasta él la trágica mano de Erzsébet, el Conde inmigrante se hizo llamar Eduard de Both, radicándose en el pueblito Nicoleños de los Charcos. La localidad contaba con aproximadamente 2300 habitantes que vivían de las actividades portuarias, principalmente. Eduard, no obstante su nobleza de origen, mostró talento para el comercio y no le fue difícil rehacer su fortuna gracias al contrabando.