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LiteralMente
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La espera

La espera Estaba yo contando la historia de una tal Adela, que no sería tan importante porque se ha dejado caer junto con el servidor.
Al carajo con Adela.
Pobre Adela nunca le fue bien, pero ahora le irá peor. Sabrán que reescribir algo es casi imposible, si se quiere ser absolutamente literal, claro.
Pero acaso esto no es LiteralMente...

Pero tengo tanta bronca y no me la quiero agarrar con Adela que tiene treinta años recién cumplidos, o tendría veintinueve, no sé, también se me ha ido ese dato.
Lo cierto que Adela está esperando, como puede, en el lugar que las monjitas le consiguieron en el Policlínico. Ahí tiene una cama y una mesita para sus pocas cosas. Adela está muy triste y tiene rabia, como yo ahora, y llora y espera...
Espera noticias de su Armando, que ya no viene a visitarla, pregunta por él a todos, a las enfermeras, a las monjas, a su hermana Marga que cuando puede viene a verla. Espera y ni el sol de primavera que la encuentra en la ventanita de la sala puede iluminar su fino rostro, es tan bonita.
Adela desespera. Ya le falta poco. Las noticias no eran buenas, Armando no consiguió sitio a donde ir a parar y ahora ha desaparecido. Clama por Dios, pero tanto Armando como El no responden. Armando estará en alguna de sus andanzas de niño bien malcriado. Y se sabe que Dios estaba bastante ocupado en el 66.
La panzota de Adela también está inquieta, allí hay una almita que espera y no sabe qué. Y entre la desesperación, los gritos, el miedo, el llanto y el abandono, la mujer comienza a transitar su camino final entre la duda.
Pobres dos, nadie se apiada. Qué impotencia Dios mío, si El supiera...
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